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LA DESPERSONALIZACIÓN EN EL MUNDO ECONÓMICO Y LABORAL

Por Antonio Pardo

Fuerte, casi inconmovible, es el prejuicio de que en el mundo del trabajo y los negocios, la ética es una extranjera. Cuando digo ética, primordialmente y por debajo o por encima de cualquier código moral concreto, me refiero al ámbito de las relaciones interpersonales, es decir, el ámbito donde el otro, antes que un mero polo en el sistema económico es una persona de carne y hueso. Cuando uno anda por la calle, los rostros se suceden unos a otros, pero esos rostros no tiene detrás para nosotros y los pasamos de lado, relación impersonal. En el banco se cobra un cheque y el rostro de la cajera no es más que el de una cajera, nos relacionamos de manera impersonal. Distinto es cuando el rostro del otro es el de un amigo, inmediatamente se detiene uno y el otro es la persona.

Pero el prejuicio dice y se cree sin duda alguna, que los negocios son los negocios. La lógica personal rige los fines de semana, en cambio, la ley del duro trajín cotidiano es la ley del negocio. Manuales introductorios a la economía, inclusive, desechan las doctrinas económicas formuladas por personajes antiguos como Francisco Suárez o Aristóteles porque las consideran doctrinas que permanecen atadas a la ética.

Este artículo sostiene no la necesidad de que el mundo de los negocios esté sujeto a la ética o legalidad de las relaciones interpersonales, sino la ineludible imbricación entre ética y negocios. Es decir, los negocios son parte de la ética. Por ese motivo, la despersonalización en los negocios y relaciones laborales no sólo es ruinoso moralmente, sino también económicamente. Ahora bien para demostrar esto conviene hacer algunas precisiones.

En primer lugar, resulta que el contenido de cualquier acto ético o entre personas, no puede ser otro que el conservar, producir y desarrollar la vida humana. No siempre es así, pero lo defectuoso de esto radica en que si se pretendiera de manera sistemática lo contrario, se extinguirían los sujetos de los procesos productivos y laborales. Es decir, la vida del otro es imprescindible dentro del mundo económico. La economía y el trabajo deben cumplir con este principio ético por la vida bajo el riesgo de que si no se cumple no hay ni economía ni nada.

Con esto tenemos que un principio ético es imprescindible para la semana laboral. No sólo en el hogar, sino el trabajo mismo tiene uno una responsabilidad por la vida.

El punto delicado, sin embargo, radica en que se trata de vida humana. Es decir, no basta con la mera reproducción vegetativa de la vida. El hombre necesita alimentarse, pero no a base de puros sueros o vitaminas empastilladas. El hombre necesita comer carne asada, verduras bien condimentadas, y hacerlo en compañía de amigos en torno de una mesa común. En este punto es donde probablemente se sostenga el prejuicio que combate este artículo. En efecto, pareciera que el mundo económicolaboral fuera el de la mera subsistencia animal, de la carne cruda, mientras que el ámbito del hogar y de la familia sería el aderezo espiritual de la desnudez laboral. Sin embargo, el trabajo no solamente es un medio de subsistencia. Por el contrario, el trabajo es donde el hombre se realiza como ser humano. Es en las obras de las manos e inteligencias humanas donde se regodea el espíritu. Ahora bien, si en la obra propia uno no encuentra recreo, sino que lo devenido se enajena por mercancías, la vida personal se vacía. Y tal vacío no es una mera valoración, es un hecho. La multiplicación de las neurosis no tiene otra causa que la ausencia de obras en las cuales uno verse reflejado.

A esto se podría objetar que sale de los márgenes del mundo productivo: lo que cada quien haga con su vida es cuestión de cada uno. El propósito del sistema productivo es elevar la taza de ganancia de valores de cambio, mientras la transformación de estos en bienes o valores de uso o de consumo, es asunto personal.

Pero los actores productivos son personas y punto. Con necesidades personales. De esta manera las insatisfacciones y neurosis personales se transforman en defectos de rendimiento. Es obvio que la productividad de una persona sana es superior con relación a una persona enferma. Y enfermedades hay del cuerpo y de la mente.

Por todo lo anterior, se puede afirmar con fundamento, que el cuidado de las relaciones personales fructifica económicamente. No sólo porque el sentido y propósito del mundo económicolaboral sea la satisfacción de las personas, sino porque son estas mismas personas los actores en ese mundo. Es decir, las personas no sólo son objeto beneficiario del trabajo y de la empresa, sino que de ellos son los sujetos agentes y creadores./ / /

FALSIFICACIÓN Y NEGOCIOS

Otro mal que adolece al mundo productivo es la falsificación y el plagio. Somos capaces de falsificarlo todo desde billetes de banco hasta la amistad.

Podemos hacerlo de mil formas copiando, ofreciendo lo que no se va a cumplir, productos con apariencia científica o tecnológica, copiando datos, fórmulas o diagramas de otros. Todos estos plagios no difieren del robo; es apropiarse del trabajo honesto del otro. Todos estos “piratas” sacan a la venta su producto más barato, mienten sobre sus bondades y ocultan sus defectos, minando la confianza de los consumidores y de la sociedad en general, desgastando la investigación, y en algunos casos poniendo en peligro la salud publica al no presentar productos con los controles y calidad necesarios, desalentando la formación de empresas y trabajos estables./ / /

Editorial

Misión:

Ayudar al empresario actual a estar más informado en un mundo cambiante

nov. - diciembre

2001

Número 5

Coordinador general

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Consejo editorial

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Correcciones

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